Aston Martin DP215, el auto británico más caro de la historia

Aston Martin DP215
Aston Martin DP215

¿Qué es lo que se necesita para posiblemente volverse el auto británico más caro de la historia? El Aston Martin DP215 tiene la respuesta.

Para empezar el DP215 es un ejemplar único, es decir no existe otro auto igual, lo cual le da un valor extra sobre muchos otros autos raros. Más allá de ser un coche de calle que fue transformado para competir, el Aston Martin DP215 fue construido con un sólo propósito en mente: ganar las 24 Horas de Le Mans.

Aston Martin DP215, detalles inusuales

Basado en el chasis de un DB4GT, este auto fue el último construido bajo el comando de David Brown. Fue diseñado con una carrocería aerodinámica para poder atacar la famosa recta de Mulsanne en el circuito de La Sarthe. Esta curveada y además atractiva forma lo llevó a ser el primer auto en superar las 186 millas por hora (300 kilómetros por hora) en Le Mans al alcanzar las 198.4 mph (319.29 kph) al final de la famosa recta durante la clasificación de la carrera de 24 horas en 1963. Esto a pesar de estar equipado con un motor 4 litros de seis cilindros en vez de un 5 litros V8 como se tenía planeado.

Durante la carrera francesa de resistencia el auto fue pilotado por nada menos que Phil Hill así como por el piloto belga Lucien Bianchi (tío del padre del fallecido piloto de Formula 1, Jules Bianchi). En la tercera hora de carrera el auto tuvo una falla en la caja de cambios y se vio obligado a abandonar la carrera al ir en noveno lugar.

Ahora después de 55 años, el Aston Martin DP215  ha sido meticulosamente restaurado y será ofrecido en subasta por RM Sotheby’s en agosto. Su precio estimado de venta es entre $20 y $25 millones. En caso de que el Aston Martin DP215 rebase la mitad alta de este estimado, se convertirá en el auto británico más caro de la historia, al superar a otro Aston, el DBR1 vendido por $22.5 millones el año pasado.

De igual manera seguramente veremos otros récords romperse, como el del auto más caro jamás subastado, cortesía de un Ferrari 250 GTO Serie II.

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